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14 de mayo de 2006

Richard Strauss - ‘Waldseligkeit’ (1918)

del álbum ‘Doce Canciones Orquestales’ // Clásica
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Richard Strauss (1864-1949) fue uno de los directores de orquesta más populares de su época, hecho que le proporcionó una considerable fama como intérprete, así como un profundo dominio del arte de la instrumentación.



Permaneciendo en un estilo clásico tonal durante su juventud, evolucionó posteriormente en las óperas ’Salomé’ (1905) y ’Elektra’ (1908), con un lenguaje mucho más duro, atonal y moderno, siguiendo el flujo compositivo de sus contemporáneos (Strawinsky, Schoenberg, etc.), influenciados todos ellos por el contexto científico de principios del s.XX (Darwin décadas atrás con la Evolución, Einstein y la Relatividad, Freud y el Psicoanálisis), dónde se empezaba a derrumbar todo lo que hasta ese momento parecía inmutable, hecho que cuajó radicalmente en la música (y demás artes), así como en la conciencia popular y la situación económica mundial. Una inestabilidad ideológica que degeneraría poco después en la Primera Guerra Mundial.

Por alguna razón (algunos dicen que a su mujer no le gustaba ese estilo) Strauss abandonó a partir de ’Der Rosenkavalier’ (1910) su cara más progresista, haciendo que los compositores jóvenes más radicales del momento se sintieran enormemente traicionados. Aunque le giraran la espalda, no lograrían mitigar la fama que ya tenía.

Desde ese instante su lenguaje no volvería nunca más a los extremos de esas dos óperas.

Aún y así, aunque su música posterior sea anacrónica, la perfección técnica que desarrolló rezuma tal creatividad dentro de ese estilo que sus obras se consideran geniales.


’Waldseligkeit’ fue originalmente compuesta en 1901 para canto y piano. Pertenece todavía a su época tonal, aunque la versión orquestral la hiciera diecisiete años más tarde.

Durante el Romanticismo se desarrolló una forma musical que tuvo muchísima aceptación: el poema musical. Se trataba de elaborar la música a partir de una história, de un programa previamente estructurado, de ahí que se llame también Música Programática. En este caso el texto hace de guión:


’Waldseligkeit’ (Richard Dehmel)

Der Wald beginnt zu rauschen,
den Bäumen naht die Nacht;
als ob sie selig lauschen,
berühren sie sich sacht.

Und unter ihren Zweigen
da bin ich ganz allein.
Da bin ich ganz mein eigen;
ganz nur dein.


’La Felicidad Del Bosque’

El bosque murmulla
al acercarse la noche;
los árboles, atentos,
se rozan suavemente.

Y bajo el ramaje
estoy yo allí, solo.
estoy yo conmigo mismo;
completamente tuyo.

Aunque el texto se interprete de forma explícita, el compositor procura que la música también hable por sí sola, describiendo el ambiente, la idea. Escucha al inicio la extraordinaria orquestración con clarinetes bajos y cuerdas que nos evoca de forma orgánica el murmullo del bosque.

Estructuralmente la pieza se ciñe igualmente a la estructura del texto, conformando también dos bloques. Escucha cómo a partir del segundo parráfo (1:42) reexpone el mismo gesto musical del inicio, evolucionando posteriormente.

Por último, no me gustaría terminar sin mencionar la figura del intérprete:

Así como entre un lienzo y nuestros ojos no existe intermediario alguno, cuando un compositor crea una obra, ésta existe sólamente de forma gráfica en un papel, y requiere de un transmisor, de un conversor visual/auditivo, en definitiva, de un intérprete que se convierte en un filtro susceptible de distorsionar la idea original. En el caso de la orquesta se complica todavía más: Compositor-Director-Músicos-Público.

Por esta razón el compositor debe ser un gran psicólogo, conocer no sólo el lenguaje musical, sino prever las reacciones, los vicios interpretativos de los músicos, teniendo que escoger siempre la opción más segura para que se entienda el concepto inicial.

En el intérprete recae no sólo la responsabilidad, sino la libertad de aportar su propia experiencia, su propio ser. Y el canto es uno de los instrumentos más peligrosos/maravillosos que existen porque es el propio cuerpo humano. Así como las variaciones en la interpretación de un concierto para violín y orquesta suelen ser relativamente pequeñas, en el caso del canto, una soprano con demasiado vibrato o un ego más subido de lo normal podría llegar a desvirtuar completamente una composición.

Esta es una grabación de 1966 remasterizada en Abbey Road en 1985 dentro de la serie de EMI ’Great Recordings Of The Century’, interpretada por la Radio-Symphonie-Orchester Berlin, bajo la batuta de George Szell.

Elisabeth Schwarzkopf es, afortunadamente para nosotros, una de las mejores sopranos de todos los tiempos. Seguro que Richard Strauss hubiera descubierto todavía más matices en su voz de los que su mente fuera capaz de imaginar.






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